19 de octubre | Día Mundial contra el Cáncer de Mama

Cáncer de mama y fisioterapia: qué aportamos en cada fase del proceso
Cada vez más mujeres superan un cáncer de mama, pero muchas conviven con secuelas de la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia y la hormonoterapia: dolor, pérdida de movilidad, fatiga, linfedema o molestias en las relaciones sexuales.
La fisioterapia ayuda a mejorar la calidad de vida durante todo el proceso, no solo después del tratamiento.
1) El ejercicio es parte del tratamiento
El ejercicio ayuda a reducir la fatiga, mejorar la fuerza y recuperar la autonomía. Debe adaptarse a cada persona y a la fase del tratamiento.
La clave es empezar desde el diagnóstico, mediante la prehabilitación, para llegar a la cirugía en mejores condiciones físicas.
2) Recuperar la movilidad tras la cirugía
Después de la cirugía de mama, es frecuente experimentar dolor, rigidez y dificultad para levantar el brazo. También puede aparecer el síndrome de la red axilar, conocido como cordones.
La fisioterapia ayuda a recuperar progresivamente el movimiento, fortalecer la musculatura y aliviar el dolor.
La recuperación no termina cuando cicatriza la herida: es importante realizar un seguimiento a largo plazo.
3) Linfedema: mover el brazo es seguro
El linfedema es la hinchazón del brazo que puede aparecer tras la extirpación de ganglios o la radioterapia.
Hoy sabemos que el ejercicio y el trabajo de fuerza adaptado no provocan linfedema.
Si aparece, el tratamiento combina drenaje linfático manual, vendaje de compresión, ejercicios con el vendaje puesto y cuidado de la piel y las uñas. También es fundamental enseñar a la paciente estrategias de autocuidado.
Detectarlo pronto facilita su tratamiento y control.
4) Hormonoterapia: cuidar las articulaciones y el suelo pélvico
La hormonoterapia puede provocar dolor y rigidez articular, sequedad vaginal, molestias durante las relaciones sexuales y pérdidas de orina.
El ejercicio adaptado puede ayudar a aliviar el dolor articular, mientras que la fisioterapia del suelo pélvico ofrece alternativas para mejorar los síntomas genitales y urinarios.
Estas molestias son frecuentes, pero no hay que normalizarlas ni sufrirlas en silencio: existen opciones de tratamiento.
5) ¿Qué aporta la fisioterapia en cada etapa?
Diagnóstico: mejorar la condición física antes de la cirugía.
Después de la cirugía: recuperar la movilidad y prevenir complicaciones.
Durante la quimioterapia y radioterapia: mantener la actividad física y adaptar el esfuerzo.
Si aparece linfedema: reducir la hinchazón y enseñar estrategias de autocuidado.
Durante la hormonoterapia: tratar el dolor articular y las alteraciones del suelo pélvico.
Después del tratamiento: mantener la movilidad, la fuerza y la calidad de vida.
Para llevar
-El ejercicio es parte del tratamiento y puede adaptarse a cada fase del proceso.
-El dolor y la pérdida de movilidad del hombro merecen atención fisioterapéutica.
-Usar el brazo no provoca linfedema: el movimiento y la fuerza adaptada son seguros.
-Los efectos de la hormonoterapia sobre las articulaciones y el suelo pélvico pueden tratarse.
-La fisioterapia acompaña a la mujer durante todo el proceso, en coordinación con el equipo sanitario.
Porque superar un cáncer de mama también significa recuperar el movimiento, la autonomía y la calidad de vida. 💗
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